La ciudad se caracteriza, en comparación con lugares rurales, por el flujo incesante de los ciudadanos, pero donde también existen puntos insertos, como las plazas. Éstas poseen un ritmo distinto y único, el que se establece sensitivamente a través de nuestro trayecto y que tiene un carácter de trazado errante. Este rasgo se ve muy potenciado en plazas sombrías, como por ejemplo, la que está ubicada en Avenida Brasil con Eleuterio Ramírez, donde existe un gran árbol Gomero que produce una condensación de sombra, que pareciera llamarnos a su núcleo para abrazarnos con su sombra más espesa.
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